por Carmen Lucía Jaramillo
Más allá de los discursos sobre el empoderamiento, la horizontalidad en las relaciones y el reconocimiento del valor de los saberes y de la experiencia de los actores locales, siempre es desafiante combinar las exigencias de rigor metodológico (estructuras, formatos y lenguaje técnico) y la comunicación fluida con quienes son protagonistas en la transformación de las realidades desafiantes de sus propios territorios. Generalmente, los problemas socioeconómicos estructurales y la indiferencia de los poderes son el pan de cada día en esos entornos. Por eso siempre es un reto “[…] la creación de un espacio para el debate, es decir un espacio el cual se puede ejercer un respeto real. No la simple tolerancia derivada de la indiferencia y el escepticismo, sino la valoración positiva de las diferencias” (Zuleta, 1985).
De allí que, en esta búsqueda permanente por lograr profundidad de análisis y debate desde la sencillez del lenguaje, con frecuencia opto por el uso de métodos basados en analogías cercanas a los contextos y a la vida cotidiana de las personas con quienes realizo procesos de planificación o evaluación participativa. Una de las analogías que me ha permitido hacer múltiples adaptaciones, es la de un viaje en “chiva”, como se denomina en Colombia a esta forma de transporte rural en el que se combinan pasajeros y carga. La imagen de la chiva resulta además muy útil, porque cada chiva es una representación única de lo que sus dueños quieren contar sobre su región, por eso tienen dibujos coloridos que son un sello de identidad y orgullo.
La herramienta y su uso
La utilización de esta imagen como soporte para un ejercicio de planificación surgió hacia el año 2009 como una idea colectiva en el programa “Oportunidades Rurales” del Ministerio de Agricultura de Colombia. En ese entonces, necesitábamos llegar a acuerdos concretos con los microempresarios rurales sobre los proyectos de fortalecimiento que ellos mismos debían diseñar, ejecutar financieramente y evaluar participativamente. Unos años después, y sabiendo que nos había funcionado bien, propuse adaptar el ejercicio para el programa “A Ciencia Cierta” del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de Colombia, donde hasta la actualidad se sigue utilizando como momento clave de planificación, seguimiento y evaluación.
Estos son algunos de los ejemplos como hemos utilizado estas analogías para suscitar la reflexión colectiva de una manera creativa y a la vez profunda. Discutir en torno a estas imágenes facilita la utilización de un lenguaje común basado en experiencias que todas las personas han vivido. Allí no interesa la formación académica, sino la claridad en lo que se desea realizar, el conocimiento del territorio y la experiencia en el trabajo comunitario y de articulación con las instituciones. El símil permite también reflexionar acerca de la importancia de mantener el control sobre el proyecto, pues las instituciones son sólo apoyos, fundamentales pero transitorios. Quienes realmente son protagonistas de su propio desarrollo -y “dolientes” de los resultados concretos que se obtengan o no- son los pobladores y las organizaciones locales.
Otro ejercicio en los que resulta útil la analogía del vehículo y el camino es en experiencias de evaluación participativa. En el caso que ejemplifico a continuación no se planteó la utilización de una chiva, sino que se dejó a la creatividad de los participantes la definición del tipo de vehículo y la descripción de la vía en que habían transitado. Se trató del balance del trabajo realizado por cinco organizaciones de Caquetá (Colombia) en el marco del programa ProPaz (financiado por la GIZ), que buscó fortalecer capacidades de la sociedad civil para mejorar la gobernanza.
En un taller simultáneo con las cinco organizaciones, se pidió que cada una reconstruyera mediante dibujos el proceso de ejecución del proyecto con las particularidades propias de cada organización. Se indicó que la vía representaba el contexto, el vehículo la organización, mientras que a lo largo del camino debían dibujar plantas que simbolizaran los resultados que quedaban a disposición de otras personas del territorio. Fue así como libremente, en un ejercicio colectivo y ameno para las personas participantes, fueron dejando volar la imaginación y creando símiles que representaban su percepción y sentimientos acerca del camino recorrido con el proyecto. Estas son algunas de sus reflexiones que reflejaron de forma clara y concreta los avances, las dificultades y los cambios que tuvieron lugar.
Pese a estas dificultes, como JAC de Cristo Rey, plantaron semillas de procesos a largo plazo como las gestiones para la electrificación y la apertura de una vía. Esto se representó en viveros de cultivos de mediano y largo plazo como el cacao y el caucho. Con la ejecución del proyecto y el apoyo de más de nueve instituciones, lograron “reparar el vehículo”, es decir, darle un impulso a la JAC actualizando su documentación formal, para poder firmar contratos de obras en beneficio de la comunidad y gestionar nuevos proyectos, convenciendo a 25 familias para trabajar unidas.
Poco a poco la vía fue mejorando (el contexto fue cambiando) y ya fue posible viajar unidos en un mejor vehículo que encontraba sitios para recargar combustible, así como otras personas con quienes compartir en las paradas del camino. A lo largo del dibujo fueron representando los logros obtenidos gracias a su gestión (representados en los frutos de los árboles dibujados), resaltando la electrificación para 14 familias, la apertura de 4,7 km de vía nueva y el inicio de la obra del acueducto comunitario. Hoy en día Cristo Rey es una comunidad modelo en fortalecimiento y unión, con capacidad de desarrollar proyectos sociales y productivos.
Otra de las organizaciones estaba conformada por 16 mujeres con un emprendimiento económico de confección, ubicado en una zona urbana. Habían recibido mucho apoyo institucional en los aspectos productivos, pero con el proyecto se acercaron por primera vez a los temas de exigibilidad de derechos.
Ellas representaron el período inicial con un vehículo pequeño y sin luces, simbolizando así la falta de visión organizativa, pese a contar con medios de producción. Un “bache” en el camino fue la incipiente formación de las mujeres, a lo que se sumaba “un puente roto” que era el machismo. A pesar de las muchas dificultades, deciden “subirse al bus de los procesos de fortalecimiento” y buscar transformaciones colectivas, simbolizadas en la plantación de un bosque. Este cambio organizativo fue representado como un vehículo con nuevas llantas (neumáticos), preparado para diferentes terrenos (acciones). Además “embellecieron el carro”, manifestando que ahora son mujeres que tienen una dirección clara y están más empoderadas. En su dibujo expresaron que se sienten fuertes y con conocimientos importantes para su rol, no sólo en el ámbito productivo (con sus diseños nuevos) sino también en sus reivindicaciones sociales. Sus logros fueron representados a través de un cultivo de flores.
El ejercicio realizado por este grupo de mujeres les permitió no sólo identificar los logros y las dificultades en la ejecución del proyecto, sino también reconocer su propia transformación como colectivo. Resaltaron el valor de incorporar el trabajo por los derechos de la mujer en su actividad productiva, con lo que le dieron una orientación más integral a su quehacer como organización, manifestando sentirse renovadas al articular los dos elementos: lo económico y lo sociopolítico.
Aprendizajes a partir de esta herramienta
Estos ejemplos muestran el potencial que tiene la utilización de analogías cercanas a la experiencia cotidiana de las personas para suscitar reflexiones, generar debates y llegar a acuerdos. Podría decirse que se basa en las mismas premisas que el pensamiento lateral, donde se rompen los patrones de razonamiento instaurados y se buscan nuevas alternativas para analizar la realidad y encontrar respuestas novedosas y creativas a los desafíos. Permite también romper ideas rígidas y polarizadas que se van instaurando en los grupos humanos, al obligar a las personas a salir de sus roles y pensar creativamente.
Las herramientas prácticas para el trabajo participativo con comunidades en procesos de planificación y evaluación se convierten en oportunidades para facilitar su involucramiento activo en la toma de decisiones sobre el rumbo de las intervenciones. Como afirman Grundmann, G. y Stahl, J. (2002, pág. 8), “[…] los procedimientos metodológicos expresan predisposiciones y posiciones: al decidir sobre la aplicación de determinado procedimiento, dificultamos o fomentamos simultáneamente la participación, la equidad, el empoderamiento, la sostenibilidad. Al elegir una herramienta o un procedimiento, estos mismos nos guían en nuestras actitudes básicas hacia el reconocimiento y la negociación de la diversidad de intereses”.
El siguiente video testimonial ofrece una descripción de la herramienta y su uso en abordajes participativos.
Referencias
Grundmann, G. y Stahl, J. (2002). Como la sal en la sopa. Conceptos, métodos y técnicas para profesionalizar el trabajo en las organizaciones de desarrollo. Editorial El Búho. Bogotá,D.C.
Zuleta, E. (1985). Tribulación y felicidad del pensamiento. En: Sobre la idealización en la vida personal y colectiva y otros ensayos. Procultura, S.A. Bogotá
