por Carmen Lucía Jaramillo
El reto consistía en comunicar con claridad no solo los aspectos metodológicos y de enfoque, sino también las incertidumbres, los desafíos y los aprendizajes derivados del diseño de la evaluación participativa de los Espacios de Socialización y Encuentro para Personas Adultas Mayores, una intervención a cargo del Ministerio de Inclusión Económica y Social.
Este proceso implicó tejer relaciones de confianza dentro del equipo de evaluación, que, como debe ser en un ejercicio participativo, tenía una composición diversa. Nos fuimos integrando como equipo a partir de la sensibilidad humana frente al tema de atención a la población adulta mayor. Desde allí pudimos reconocer y valorar diferentes perspectivas, pues había representantes de varias entidades públicas, de la academia, de la sociedad civil y personas usuarias del servicio.
Como facilitadora, era consciente de que la vinculación activa de personas adultas mayores en condiciones de pobreza y vulnerabilidad constituía, en sí misma, un ejercicio de inclusión, respeto y valoración de sus aportes. Sin embargo, lograrlo implicaba superar varios desafíos, como propiciar, en poco tiempo y desde la práctica, una nivelación mínima de conocimiento sobre evaluación. Además, era fundamental establecer relaciones horizontales dentro del equipo, basadas en el respeto mutuo y el reconocimiento de los conocimientos y experiencias de todas las personas involucradas.
Una de las características de este proceso fue la definición inductiva de los objetivos y las preguntas de evaluación. En el taller inicial, nos centramos en “qué evaluar y para qué”, estableciendo esta estructura como base para los objetivos. Los criterios de evaluación no fueron el punto de partida; estos se definieron posteriormente a partir de los resultados de ese ejercicio.
Otra característica central fue la integración del saber académico y técnico en el proceso de diseño. El hecho de que fuera una evaluación participativa no significaba que se tratara de una evaluación realizada exclusivamente por las personas usuarias del servicio. Los aportes de los dos geriatras que formaban parte del equipo de evaluación fueron decisivos para “interpretar”, con precisión profesional, las necesidades identificadas por el resto del equipo (incluidas las personas adultas mayores). Esto fue clave en la identificación de los aspectos que era necesario evaluar para contar con información suficiente que respaldara la toma de decisiones orientadas a mejorar el servicio de atención a la población adulta mayor.
En este sentido, el uso del lenguaje se convirtió en un aspecto fundamental desde el inicio. Utilizar palabras sencillas y recurrir a analogías para explicar los temas a las personas adultas mayores no solo fue una cuestión de forma, sino una estrategia comunicativa orientada a garantizar un debate en igualdad de condiciones, lo que implica respetar las posibilidades de comprensión de los temas tratados. Asimismo, comunicar a las personas tomadoras de decisiones lo que se iba a evaluar y el uso que se le daría, requería expresarlo de manera clara y en un lenguaje técnico que fuera accesible. Por ello, se realizó un ejercicio de “traducción” de los objetivos de la evaluación, generando dos versiones sin perder rigor: una dirigida a la población usuaria del servicio y otra a las instituciones.
Finalmente, a lo largo del capítulo, se encuentra un hilo conductor de reflexiones en las que se destaca la importancia del factor humano como clave para lograr un diseño realmente participativo. Como se menciona en la introducción, escribir este capítulo fue también un gesto de agradecimiento hacia las personas que se comprometieron con el diseño de la evaluación. Hablar de compromiso no es solo un recurso retórico: lo más maravilloso de haber facilitado este proceso fue encontrar a mujeres y hombres que, durante esas seis semanas, pusieron a disposición su conocimiento, su experiencia de vida y, sobre todo, su sensibilidad, para construir juntos una propuesta de evaluación que realmente pudiera ser útil para la población adulta mayor. Ese fue siempre nuestro objetivo común.
