por Mónica Ballescá
Este texto ofrece detalles, pistas y aprendizajes de un proceso evaluativo que, a mi juicio, marcó un antes y un después en la práctica gubernamental en México, al ser una de las primeras evaluaciones participativas impulsadas desde el sector público a escala subnacional en el país. La primera al considerar una metodología que se institucionalizó y replicó en años subsecuentes.
Si buscan evidencia concreta de cómo llevar la evaluación participativa a la escala subnacional, este texto puede ser su mapa. Imaginen el reto: la Unidad Central de Evaluación (Evalúa Jalisco) adscrita a la Secretaría de Planeación y Participación Ciudadana, que recién se había creado, decidió en diciembre de 2018 aplicar el enfoque participativo a la evaluación de una política pública masiva y de alto impacto social: el Programa Mi Pasaje. Este programa no es menor; en 2019 otorgó boletos o tickets gratuitos para el transporte público a 125,000 personas adultos mayores, estudiantes y personas con discapacidad. Se trata de uno de los programas sociales con mayor presupuesto y registro de usuarios en Jalisco, gobierno subnacional mexicano de casi 8 millones de habitantes.
En la fase de Planear, descubrirán cómo se logró un nivel de participación que consideramos alto. Se constituyó un Grupo de Trabajo Ampliado con actores clave, desde directivos y gestores hasta miembros de consejos ciudadanos, evaluadores y, fundamentalmente, usuarios comunitarios del programa. Es fascinante ver cómo la delimitación del alcance de la evaluación, los objetivos y las preguntas se realizó en un Taller de planeación participativa en un proceso horizontal entre todos los actores. Entre los mayores desafíos fue generar la voluntad y apertura del equipo directivo del programa para someterse a este tipo de evaluación, lo que requirió un trabajo profundo de sensibilización y diálogo empático. El texto también nos ofrece una reflexión crucial sobre la integración de la participación y el rigor en la fase de Hacer (Investigación).
Pero aquí viene un aprendizaje fundamental que no pueden perderse: el desafío de lograr que el equipo externo cambiara su paradigma y asumiera un rol de facilitador técnico y metodológico, proceso que ya estábamos viviendo los gestores del proceso evaluativo.
A mayor participación, mayor uso de la evaluación
¿Y valió la pena el cambio de perspectiva? ¿Qué pudimos documentar como resultados? En el capítulo contamos que en nuestra experiencia se comprobó la hipótesis: logramos mayor uso de los resultados versus las muchas decenas de evaluaciones tradicionales que gestionamos durante una década y media en Evalúa Jalisco.
Las mejoras comenzaron desde el inicio del proceso de evaluación. Desde el taller de planificación, en el que avanzamos en crear espacios de horizontalidad, empatía, comprensión del contexto y entendimiento de hechos y de los roles de cada actor, los funcionarios identificaron áreas de mejora de fácil y rápida aplicación, las cuales implementaron ágilmente. Entre las mejoras que se documentaron fue la reducción del tiempo de espera para atención en la fase de registro, pasando de 40-50 minutos en 2019 a tan solo 15 minutos para la entrega de 2022.
Para el equipo directivo del programa, los resultados de la evaluación mostraron la gran aceptación y buena percepción del programa, al tiempo de la experiencia de trato discriminatorio por parte de los choferes, lo que permitió la gestión interna presupuestaria que apremió la migración del boleto físico a la tarjeta electrónica, haciendo que el uso de la tarjeta fuera similar al de cualquier otro ciudadano.
Sin duda, la gestión y realización de Evaluaciones Participativas requiere un cambio de mentalidad de todas las partes, en los funcionarios tanto gestores como operativos, pero también en los evaluadores-investigadores. Además, es indispensable el uso de herramientas que generen horizontalidad y confianza. Aunque requiere más tiempo y recursos, (por que en nuestro caso resultaron preguntas de diseño, de proceso y de resultados, lo que implicó en realidad tres evaluaciones en una sola) el beneficio es significativamente mayor: no solo mejora la intervención, sino que desarrolla capacidades en los actores locales para reflexionar, analizar y proponer soluciones.
¡Les invitamos a sumergirse en la experiencia pionera de Evaluación Participativa desde el occidente mexicano, en el estado de Jalisco, que consideramos es una experiencia de incidencia significativa en la gestión pública y como parte de un ejercicio de democracia en acción!
