EVALUACIÓN Y PARTICIPACIÓN EN LA FORMACIÓN UNIVERSITARIA SOCIALMENTE COMPROMETIDA (URUGUAY)

por Andrés Peregalli

Dime cómo evalúas y te diré qué tipo de educación promueves

Inmersos en un mundo complejo que valora las mediciones y sus virtudes, muchas veces de modo desmedido,  vivimos tensionados por la necesidad de aprehender y comprender los aprendizajes que suceden en individuos, colectivos e instituciones.

En ese marco las evidencias que resultan de un dispositivo de evaluación siempre serán un proxy, en el mejor de los casos sólido y robusto. Alguna vez escuché que la evaluación en la Universidad es una situación que encuentra a alguien que está aterrado (estudiante) con alguien que está aburrido (profesor). Si bien toda imagen es injusta, esta caracterización (muy frecuente aún) resulta útil para identificar concepciones/representaciones que aluden a modos de comprender la educación, el aprendizaje, la enseñanza, la evaluación y la participación, y los efectos que generan en quienes la experimentan.

Dicho de otro modo: dime cómo (qué, para qué, cuándo, quiénes, dónde…) evalúas y te diré qué tipo de educación promueves. Este texto describe una experiencia de evaluación participativa en la formación universitaria de grado; más específicamente en un Seminario Teórico-Práctico (STP), del campo de la formación filosófica y teológica (Universidad Católica Argentina-UCA) que tiene 10 años de implementación y sustenta la pedagogía del Aprendizaje y Servicio Solidario (AYSS). La experiencia ilustra sobre algo más profundo, otro enfoque epistemológico y evaluativo, otro modo de entender la enseñanza y el aprendizaje, fundamentos político-pedagógicos y didácticos acordes con el modelo de educación que se busca desarrollar: un proceso de humanización con los sujetos que enseñan y aprenden en el centro. Desde este enfoque no hay lugar para estar aterrados ni aburridos, sino para protagonismos, para el despliegue del aprender y su disfrute y celebración.

Evaluación y participación: una pareja despareja

El binomio evaluación/participación, desparejo por cierto y rechazado por muchos, invita a mirar la forma y el fondo de los dispositivos, y más allá, a re-pensar la educación. Entendemos a la evaluación como un campo complejo, político (de poder), en disputa, donde se evidencia el pervivir de tradiciones y enfoques diversos; aquellos emergentes, como la evaluación participativa, parecen estar abriéndose paso, menos aún de lo esperado en la educación superior. En ese marco tenemos el desafío de generar las condiciones para hacer viable y factible una evaluación más justa. Una evaluación que, en coherencia con el sueño político-pedagógico que nos inspira, transforme y nos transforme, sea ocasión para aprender.

Diremos, a modo de encuadre y con base en Duro y Nirenberg (2018), que concebimos a la evaluación como una actividad programada que explora y busca comprender el valor de algo y reflexiona sobre ello con la intención de aprehender la complejidad de los procesos de enseñanza y aprendizaje (el ser, hacer, saber; la cabeza, el corazón, y las manos, la integralidad). Concebimos a la evaluación desde la participación activa y profunda de los actores, como un tiempo/espacio continuo que posee momentos específicos de demostración, retroalimentación y autoevaluación, de mirada colectiva. La evaluación sucede mediante procedimientos sistemáticos de: obtención, análisis e interpretación de información; comparaciones contra parámetros definidos; emisión de juicios valorativos fundamentados y comunicables, sobre procesos y resultados. Supone desarrollar la capacidad de “aprender a aprender… siempre”, generar cultura evaluativa y hacer visible el pensamiento desde diferentes vías de entrada (Narrativa, Cuantitativa/Lógica, Filosófico, Experiencial, Colaborativa).

Para el caso que nos ocupa (STP) evaluamos porque necesitamos aprehender, con información cuantitativa y cualitativa, la dinámica compleja de los procesos que buscan lograr una educación integral. Nuestra intencionalidad es mejorar lo que somos, hacemos, sabemos, contribuir a la generación de conocimiento, tomar mejores decisiones en base a evidencias, formular recomendaciones para mejorar la acción, aprender todos los involucrados y otorgar transparencia a la gestión. En ese proceso es clave entender la participación como la capacidad de ser parte, formar parte, tomar decisiones para transformar-se, responsabilizarse por el aprendizaje,  porque desde los roles que ocupa cada uno en lo educativo todos aprendemos todos podemos enseñar.

Problemáticas Sociales y Compromiso Social para una Cultura del Encuentro

El STP es una Experiencia Formativa Inclusiva (EFI), nombre con que se denominan en la UCA a los ámbitos curriculares que implementan la pedagogía del AYSS. La pedagogía tiene tres rasgos programáticos: está inserta en el currículum de forma obligatoria, es protagonizadas por los estudiantes y busca resolver problemáticas sociales con la comunidad (Tapia, 2002). En particular, la participación se entiende como un principio, una práctica y un proceso, concreción de protagonismo; formar a la vivencia personal y a la convivencia en dignidad y solidaridad (Cussianovich, 2003).

El STP se realiza desde 2014 en cada cuatrimestre del año; es de carácter interdisciplinario e interfacultades y pertenece al ciclo de formación filosófico-teológica. Realizado durante 10 años, abarcó 20 cohortes, convocó a más de 1.000 estudiantes de 15 carreras y 20 organizaciones sociales (socios-comunitarios). El STP propone a los estudiantes un modo de aprendizaje teórico/práctico. Los universitarios, a partir de los contenidos  propuestos por la asignatura, se contactan con problemas planteados por organizaciones sociales con el propósito de poner en práctica (co-diseñar, co-implementar, co-evaluar) una cultura del encuentro (Francisco, 2020). Conjuntamente se buscan soluciones concretas y reales a partir del diseño e implementación de un proyecto de AYSS. El STP tiene por objetivos: fortalecer la formación académica, personal y profesional de los estudiantes universitarios, traccionando el desarrollo de una espiritualidad transformadora. El enfoque epistémico que lo sustenta refiere a la complejidad, en tanto reconocimiento de sistemas y sub sistemas que producen saberes en “lugares” no tradicionales o escasamente reconocidos aún (ej.: las organizaciones sociales y los socios). Así, “no solo se aprende en la Universidad, ni de los profesores”, se aprende participando, comprometiéndose y en el encuentro con realidades y experiencias que enseñan a ser profesionales expertos en humanidad. En ese proceso el registro y la sistematización de la información y la reflexión conjunta favorecen el protagonismo de todos desde una evaluación constante que mira en dirección de la mejora.

Los proyectos de AYSS se diseñan según una herramienta específica de planificación: Itinerario. Este itinerario prevé la formulación de objetivos de aprendizaje y objetivos solidarios (Bridi y Puglisi, 2022). La calidad del aprendizaje se evalúa en relación a: el vínculo con los contenidos disciplinares para el abordaje de una problemática social; la integración de contenidos interdisciplinares; la puesta en juego habilidades y valores; el aprendizaje de nuevos conocimientos; la capacidad de retroalimentar y autoevaluarse. La calidad del servicio se evalúa en relación a: la promoción de procesos reivindicativos y de reconocimiento cultural, la frecuencia de las actividades, la satisfacción en la comunidad, la creación de redes entre las instituciones y las organizaciones locales, la sustentabilidad de la propuesta, el logros de objetivos del cambio social a mediano y largo plazo. Más específicamente el Itinerario prevé 5 etapas (motivación, diagnóstico, diseño y planificación, ejecución y cierre) y 3 procesos transversales (a: reflexión, b: registro, sistematización y comunicación y c: evaluación). En los proyectos de AYSS es de relevancia el concepto de “solidaridad horizontal”, es decir el reconocimiento del otro y lo otro no como “beneficiario de la asistencia” sino como “co-constructor” de un proyecto compartido. Evaluación participativa y participación protagónica son binomios fuertemente relacionados a la pedagogía del AYSS, que deberían corresponderse con el diseño de dispositivos evaluativos específicos para tal fin.

Dado que este texto se sitúa en el cruce entre evaluación y participación se ilustra en el siguiente cuadro un ejemplo de cómo sucede esa interrelación en esta experiencia específica. A tales efectos se optó por ejemplificar dicha cuestión según tres momentos “clásicos” de la evaluación de una intervención social: antes (diseño), durante (monitoreo), después (impactos). Al ejemplificar el vínculo evaluación/participación se focalizar en: participantes (sujetos), objeto de la evaluación en cada momento (qué), técnicas e instrumentos utilizados (cómo), instancias de evaluación formales a las que corresponde cada momento (cuándo). Ello evidencia un enfoque evaluativo participativo y en el cual cada actor involucrado encuentra la oportunidad de participar y despliega y desarrolla (aprende) su capacidad para hacerlo.

Evaluar desde un enfoque participativo es aprender juntos, con acciones claras, modoso y criterios específicos y acordes al enfoque educativo que sustenta la práctica. Los efectos que esta experiencia (STP) genera en los estudiantes y socios comunitarios se explican en parte por este modo de entender la evaluación y la participación, fomentado una cultura evaluativa y la creación de una comunidad que aprende. Las evidencias que se transcriben a continuación expresan los efectos de este modo de educar. En términos de la experiencia transitada y sus “efectos” en la formación los estudiantes destacan:

“El seminario teórico práctico fue una hermosa experiencia, estaría bueno que haya ese tipo de oportunidades desde los primeros años (…) viví una de las experiencias más enriquecedoras de mi camino como profesional (…). Un espacio que forma profesionales que sepan hacer con conciencia, generando la creencia de que si no hay una visión global, deconstruida y amplia de los contextos sociales que nos son ajenos, no vamos a poder proyectar nada a futuro. Desde la Fe se busca trabajar para que las personas, los colectivos y las sociedades sean más sensibles y maduros, más justos y solidarios (…). Me tocó pensar, crear y desarrollar un proyecto que se imaginó para niños de un Hogar de Cristo a donde van a jugar y logró en mí, mucho más que eso. Desde dejar de lado la visión de privilegio en la que uno está, creyendo ‘lo que era mejor’ para los chicos y aprendiendo a escuchar qué era lo que buscaban ellos. (…). Es una tarea muchísimo más difícil que otras, es conocer vivencias que el resto de la sociedad ignora, sin embargo, el Hogar, lo logra y la cátedra ‘Seminario de problemáticas sociales’, nos impulsa a que marquemos la diferencia” (UCA-STP, Estudiante, 2022).

La mirada y la perspectiva de los socios comunitarios refleja la construcción de cultura del encuentro y la co-gestión como un saber que se construye colaborativamente:

“Es fundamental que en diferentes casas de estudio como ésta se forme en humanidad (…) y desde una mirada interdisciplinaria (…) Hay algo central que fue lo que reinó desde el primer contacto y que debe estar relacionado a esta cultura del encuentro que ustedes estuvieron ya estudiando, que fue el antes de venir con una propuesta cerrada fue; che ¿es esto lo que queremos? pero el oído estuvo abierto desde el momento cero a que nosotros le digamos bueno, ok esto es la teoría y esta es la realidad con la cual nosotros como actor socio comunitario, trabajamos en diferentes ámbitos.(…) Entonces lo primero que hay que hacer, que ahí surgió esta idea en este primer intercambio, es una etapa de diagnóstico; entonces nació el encuentro que al principio no estaba y eso fue muy rico (…) tenemos que trabajar y regar todos los días esta mirada crítica (…) esta cuestión del proceso y del ser perceptivamente crítico e intuitivo es lo que va a enriquecer, digamos a cada proyecto. (…) Nos quedamos de este proyecto que logramos hacer un proceso de escucha, de empatía, que las chicas no vinieron con el ‘saber’, sino que fue una cuestión desde una mirada y un compartir colectivo. Desde ahí se fue siempre en constante revisión de los conceptos y actividades. De eso es lo que más nos nutrimos como institución, y creemos que es importante generar estos lazos y sostenerlos (…) Solamente palabras de agradecimiento, porque se tomaron el laburo de verdad y serio y hubo este intercambio con libertad de poder decir si, no, por ahí, por acá”. (UCA, STP, Socio Comunitario, 2022)

Más evaluación participativa para más y mejor educación

La experiencia del STP impulsa a soñar con universidades “más red y menos burbuja”; “más territorio y menos escritorio”. Las EFI, y el modo en que entienden la evaluación y la participación, desafían los modelos  tradicionales de comprender las funciones de docencia, extensión e investigación. Ello implica prever/construir un desempeño docente acorde a este modelo formativo en el marco de instituciones que co-gestionan la experiencia y capacidades institucionales específicas (habilidades) que generen “condiciones” para promover enfoques evaluativos participativos. También invita a debatir sobre ciertos prejuicios y tensiones (ej.: “estas experiencias son muy complejas y por eso no se pueden hacer”; “estas experiencias son de menor calidad académica que una clase magistral”; “la universidad no es acción social”, “los estudiantes no pueden participar en la construcción de criterios de evaluación”; “los socios comunitarios no pueden ser evaluadores”; “se evalúa solo en las aulas de la universidad”, etc.).

La implementación del STP evidencia que es posible generar experiencias profundas de aprendizaje en el abordaje de las problemáticas sociales para construir un mundo más justo e inclusivo, para formar más y mejor a los futuros profesionales, hoy ciudadanos. Porque la inclusión de todos en este mundo no es tarea de algunas disciplinas, áreas o personas, es responsabilidad de todos, se construye desde culturas institucionales que transiten la inclusión, evalúen y mejoren. Fortalecer las capacidades evaluativas y participativas en el compromiso social es una acción política y estratégica que contribuye a:

      • visibilizar lo que hacemos, lo que somos y lo que sabemos,
      • investigar y producir conocimiento,
      • construir cultura evaluativa, y
      • democratizar el conocimiento.

Los resultados evidencian que el STP es una instancia formativa significativa que contribuye a construir un “nosotros”, la casa común, el sueño de ser hermanos todos, sustentándose en una educación superior integral y en la co-gestión como aspecto central que posibilita aprendizajes institucionales (ad intra) e interinstitucionales (ad extra). De entre ellos se destaca la conformación de un nuevo modo de saber-hacer-ser universitario, una cultura del encuentro. Al salir a las periferias (sociales, existenciales) la universidad se encuentra consigo misma, con su identidad y misión, con sus motivaciones más profundas. De este modo no renuncia a sus funciones, experimenta una metanoia (conversión profunda) subjetiva y organizacional.

Resta un largo camino aún para que la evaluación y la participación sean parte del paisaje, las prácticas y la cultura institucional universitaria; pero estas experiencias no son casos aislados, ilustran movimientos profundos que impulsan nuevos y mejores modos de educar; amplían el límite de lo pensable (inéditos viables, Freire) y viran hacia la celebración del aprendizaje compartido; sin miedo, sin aburrimiento.


REFERENCIAS

Bridi G., y Puglisi S. (2022) Aprendizaje y Servicio Solidario para una Educación Intercultural. Manual para docentes, Buenos Aires, CLAYSS.

Cussiánovich Villarán, A. (2003) Protagonismo, participación y ciudadanía como componente de la educación y ejercicio de los derechos de la infancia, en Historia del pensamiento social sobre la infancia. Lima: Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Fondo Editorial de la Facultad de Ciencias Sociales.

Duro, E. y O. Nirenberg (2018) Instrumento de Autoevaluación de la Calidad Educativa (IACE), Buenos Aires, CEADEL-UNICEF.

Papa Francisco (2020). Carta encíclica Fratelli tutti sobre la fraternidad y la amistad social. 3 de octubre de 2020.

Tapia, M. N. (2002) El aprendizaje-servicio en América Latina, en CLAYSS Centro Latinoamericano de Aprendizaje y Servicio Solidario. Aprender sirve, servir enseña. Buenos Aires.

UCA (2022) STP. Seminario Teórico-Práctico Problemáticas Sociales y Compromiso Social, Registros de campo, Buenos Aires, Mimeo.