Y las herramientas, ¿qué?  Juegos e instrumentos para la evaluación participativa

Ya sea que se usen para analizar la realidad, facilitar la comunicación, construir puntos de vista colectivos, estimular la creatividad y facilitar la toma de decisiones o bien disminuir el predominio de algunos para dar lugar a la voz de los más tímidos, el uso de herramientas participativas es cada vez más valorado en el campo de la evaluación. Basta dar una vuelta por la sección herramientas de EvalParticipativa para advertir que estamos frente a ‘la gran boutique’ de las técnicas y dinámicas. Disponemos de un arsenal importante de herramientas, aunque no siempre sepamos cómo manejarlas. Parece existir un instrumento para cada situación o propósito posible, sin embargo recurrentemente necesitamos recrearlos o diseñar nuevas herramientas a la medida justa.

Seguramente todos quienes hemos facilitado procesos participativos nos hemos preguntado alguna vez cómo lograr el mayor involucramiento posible de múltiples actores en las actividades que planificamos. Seguramente también, ¡no siempre lo hemos logrado! Creemos que la evaluación participativa enfrenta, entre otros, el desafío de crear espacios de participación real, donde múltiples actores puedan ejercer un verdadero protagonismo en la agenda evaluativa.

Ya no alcanza solamente con comprender el sentido profundo de la evaluación participativa, sino que es necesario identificar y manejar las herramientas adecuadas para cada contexto social y cultural donde la evaluación se desarrolle. Es a partir de este desafío que proponemos esta reflexión, compartiendo algunas ideas y abriendo el juego a otras tantas que surjan de esta Comunidad de Práctica en torno a la desafiante tarea de elegir o crear las herramientas adecuadas para facilitar el proceso evaluativo.

Como hemos planteado en el foro y en otros espacios de encuentro, podríamos decir que la evaluación participativa en nuestra región es heredera de una rica tradición, entre las que encontramos a la Educación Popular, la Sistematización de Experiencias y la Investigación Acción Participante. Con diversos puntos de contacto entre sí, a la vez con sus respectivos matices y diferencias, estos enfoques comparten un tronco común e importante: adherir a una perspectiva liberadora y transformadora de la realidad. Este es el sustrato fuerte y hondo que sostiene y legitima estas iniciativas en su formato más profundo, siendo una de sus singularidades el hecho de valerse de herramientas que faciliten el protagonismo de los actores sociales más excluidos.

Estamos en un contexto donde el uso de metodologías participativas en procesos educativos y de gestión y evaluación de programas y proyectos es cada vez más valorado. No obstante, en muchos casos, los juegos y técnicas participativas son usados con el único propósito de motivar a un grupo, ‘quebrar el hielo’, presentarse unos a otros, producir momentos de relajación entre una sesión de trabajo y otra. Creemos  que las herramientas participativas, especialmente los juegos, deben trascender el propósito recreativo. Es decir, el juego y las herramientas participativas no deberían ser vistas como un entretenimiento o una forma de ‘pasar el rato’, yendo más allá de un mero propósito motivacional. A su vez, tampoco deberían convertirse en un mecanismo que lleve a cada participante a asumir un rol que le es totalmente ajeno, evadiéndose de su propia realidad para sumergirse en un mundo de fantasías.

Si con el uso de técnicas y herramientas estamos buscando alternativas ‘divertidas’ para imponer contenidos y orientar el esfuerzo evaluativo simulando sumar la perspectiva de los actores locales, podríamos perfectamente desestimar su utilización. En estos casos, es deleznable el sentido manipulador de las técnicas para sobrellevar de un modo ‘divertido’ procesos impuestos desde necesidades y lógicas externas. En estos casos, es prostituida aquella distribución de poder que la participación procura favorecer y generar.

Si bien las técnicas o los juegos no son por sí mismos la esencia y el corazón de la evaluación participativa, sí son partes claves y muy relevantes de los procesos participativos, pues a través de ellas nos aventuramos al ‘hacer juntos’.

En el contexto de participación esto implica desde ‘poner el cuerpo’ en la dinámica de aprendizaje (no sólo nuestro pensamiento), generar intercambios que permiten profundizar el conocimiento propio y el colectivo, facilitar la confianza y el aprendizaje lúdico, todo lo cual refleja y repercute en la orientación transformadora anhelada.

Entonces, para comprender de una manera diferente las herramientas participativas deberíamos preguntarnos cómo tratar ‘evaluativamente’ o con ‘contenido’ un tema complejo, que requiere de conocimientos previos y de la participación profesional, pero que demanda también opiniones y opciones personales, en una forma participativa, horizontal y no impositiva.

La mayoría de las herramientas participativas que usamos suponen un ‘poner el cuerpo’ por parte de los participantes. Es decir, ellos y ellas tienen que actuar, discutir, argumentar y defender una postura respecto de una intervención o situación que los afecta.

Por ello las herramientas participativas que usemos, especialmente aquellas vinculadas a la evaluación, deberían intentar reproducir con la mayor fidelidad posible las condiciones en que transcurre cada situación.

Ya sea que trate sobre vida diaria de una familia, un grupo o comunidad, el trabajo de un técnico, un profesional o un dirigente de una organización de base, el funcionamiento del mercado y la lucha por diferentes intereses sectoriales dentro de la sociedad, las herramientas deberían abordar estas situaciones. Dicho de otra forma, las herramientas que diseñamos han de incorporar los elementos que, en la vida real, tienen verdadera incidencia para las personas. De esta manera, los participantes pasan a representar su propio papel, ‘viviendo su juego’ o ‘jugando su vida’; o -dicho de otra forma- ‘jugando en serio’.

Las herramientas, entendidas de esta forma, facilitan también el tomar cierta distancia del objeto de estudio, permitiendo el emerger de miradas diferentes, superando el sentido común y problematizando la realidad. Decía alguna vez el maestro Freire: “la mejor manera de uno acercarse, es distanciarse del punto de vista de la teoría del conocer”. Y si esa superación del sentido común es facilitada vía técnicas que aporten espacios de humor, ironía, dramatismo, sorpresa, análisis colectivo, estarán contribuyendo a la producción de saberes en el contexto evaluativo.

Creemos también que los juegos o herramientas que utilicemos, han de ser capaces de crear condiciones para comunicarnos, expresar nuestros sentimientos, nuestras experiencias y conocimientos, nuestras ideas y expectativas, así como aprender y conocer  sobre diferentes temas y situaciones de manera horizontal.

A través de ello debería ser posible revivir situaciones de nuestras vidas, nuestro trabajo y nuestras organizaciones. Así, las reglas del juego facilitan el intercambio y generan un espacio para conversar sobre temas complejos que de otra forma no nos animamos a abordar. La dinámica del juego invita a que los participantes ‘se prendan’ en el juego para poder tratar esos temas difíciles, asegurando que la percepción de todos/as esté presente.

Finalmente, es importante pensar en el mecanismo que dinamiza un proceso o configura la ‘llave’ que abre este espacio de comunicación y construcción colectiva. Nos referimos a esa suerte de ardid o sano engaño que implica la lógica de un juego. Esta no debiera  ser más que un medio para poder hacer de la herramienta sólo eso, un instrumento para poder tratar temas de manera participativa y democrática que de otra forma, sin ellas, sería muy difícil tratar.

Vale destacar que muchos de los juegos que inventamos o adaptamos usan la lógica de la ‘competencia’ (carrera de caballos, lotería/bingo, juego de tarjetas y dados, etc.). Esto debería funcionar sólo como engranaje motivacional, nunca como fin último. Los juegos han de estimular la ‘cooperación’ más que la ‘competencia’ y la idea del ‘todos ganamos’ con la partida jugada.

Para ir cerrando, creemos que quienes eligen, diseñan y usan herramientas participativas tienen una gran responsabilidad. Lo más importante del rol de quien facilita estos procesos es tener una actitud abierta y receptiva. Sin ella, no hay técnica o juego que funcione. Por otro lado, reconocer que cualquiera sea la herramienta que adoptemos, debemos conocerla bien y saber cómo usarla. Esto implica ser conscientes de sus alcances y sus límites, ya que no todas las herramientas sirven para cualquier instancia, tema o contexto.

También es central estar preparados para manejar las múltiples situaciones que el uso de una herramienta vivencial podría generar. Al ‘poner el cuerpo’ la gente entrega parte de su vida al proceso colectivo.

Ante ello, debemos ser muy respetuosos y cuidadosos de lo que podemos generar, sobre todo si no tenemos los medios y recursos profesionales para manejar y contener situaciones difíciles.

Los invitamos a pensar en las herramientas que han usado y compartir sus puntos de vista en comentarios a esta ‘entrada’.  ¿Cómo lo han hecho? ¿Qué experiencias han tenido? ¿Se animaron a crear herramientas a la medida? ¿Qué tal les resultó?

Durante el primer encuentro de experiencias de evaluación participativa, a realizarse en Quito a mediados de noviembre próximo, dedicaremos un día para compartir herramientas y discutir en torno a su uso en procesos de evaluación participativa. ¡Todos sus aportes son más que bienvenidos!

Esteban Tapella y Pablo Rodriguez Bilella | Directores del Programa de Estudios del Trabajo, el Ambiente y la Sociedad (PETAS), Universidad Nacional de San Juan, Argentina 

 

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