por Joselyn Michelle Corrales Vallejo
Esta nota tiene como propósito compartir brevemente las vivencias que se presentaron durante el proceso de evaluación participativa en Ecuador, desde la selección de la intervención a evaluar hasta la presentación de los resultados y recomendaciones de la primera evaluación participativa liderada por el Gobierno de Ecuador; evaluación realizada al servicio de Espacios de Socialización y Encuentro para Personas Adultas Mayores, intervención que está a cargo del Ministerio de Inclusión Económica y Social de Ecuador.
Liderar esta evaluación participativa fue un proceso de grandes aprendizajes, tanto a nivel profesional como personal. No estuvo exento de dificultades y temores, pero gracias al compromiso y la capacitación de un equipo sólido, pudimos transformar los retos en valiosas lecciones aprendidas y buenas prácticas. Agradezco a todas las personas que participaron y apoyaron la ejecución de este proceso, el cual comenzó cuando tuve la oportunidad de conocer a través de EvalParticipativa las experiencias en evaluación desarrolladas en México y Costa Rica.
La evaluación participativa nace bajo la premisa de “que nadie se quede fuera”, por lo que durante todo el proceso de evaluación buscamos mecanismos para garantizar que todos los actores involucrados fueran tomados en cuenta y sus ideas, comentarios, propuestas quedaran plasmadas en los diferentes productos del proceso evaluativo. Sin duda, esto permitió que la evaluación lograra altos niveles de participación, y sea hoy un referente para otros países. Para que esto sucediera se necesitó un compromiso fuerte entre el equipo evaluador y la población beneficiaria que participó y también fue necesario olvidarnos de los diferentes cargos, títulos, papeles que representamos, lo que aseguró un proceso horizontal y permitió conocernos no solo como profesionales o beneficiarias sino como personas. Desde mi vivencia, el permitir que las adultas mayores me conozcan como persona, ayudó a que ellas también me permitan conocer sus realidades, sus sentimientos, su corazón, sus necesidades y esto favoreció la comunicación y el trabajo en conjunto.
La primera evaluación participativa en Ecuador ha sido un ejercicio robusto, transparente y tiene la esencia de cada persona que conformó el equipo evaluador. La participación activa de la población adulta mayor y miembros de la comunidad, así como de la entidad ejecutante y los grupos de actores involucrados de la sociedad civil en el diseño y ejecución de la evaluación fomentó un sentido de propiedad y responsabilidad, garantizando que la evaluación se basara en sus experiencias y prioridades. Así también, este proceso empoderó a la población adulta mayor a darle voz en la evaluación de los servicios que les afectan, aumentando su confianza y sentido de agencia. Sin duda, la comunicación transparente durante el proceso ayudó a construir confianza entre las y los interesados, asegurando claridad y responsabilidad al involucrarlos en la revisión de hallazgos y resultados.
Además, este enfoque de evaluación permitió evidenciar cómo el hecho de involucrar a tomadores de decisión desde el inicio ayuda a ver mejoras en el servicio evaluado sin que todavía se termine la evaluación, y cómo se puede ir teniendo mejoras inmediatas. Además, esto sienta las bases para garantizar el uso de los resultados, que es el fin de toda evaluación.
Para las adultas mayores esta evaluación implicó un gran esfuerzo, tanto en tiempo como dedicación, para aportar su visión durante todo el proceso y en los aspectos clave de la intervención evaluada. Por otra parte, para las personas de las entidades públicas ecuatorianas también implicó un trabajo adicional al que ya contaban en su institución, así como un desafío al tener que aprender temas de evaluación y un nuevo enfoque.
En algo que siempre estuve segura es que, como equipo de profesionales, nos convocó siempre pensar en el bienestar de la población adulta mayor, en especial al compartir un año y medio con varias beneficiarias del servicio. Este enfoque permitió que la evaluación fuera un ejercicio de inclusión, de respeto y valoración a la población adulta mayor en condiciones de pobreza y vulnerabilidad, personas que generalmente poco se tiene en cuenta en el diseño y evaluación de las políticas públicas.
Finalmente, quiero enfatizar y agradecer el apoyo del equipo técnico del proyecto Focelac+ y la comunidad de Práctica y Aprendizaje EvalParticipativa. Ellos, sin duda, se convirtieron en un aliado esencial para la ejecución de esta primera evaluación participativa en Ecuador. La intervención, a cargo del Ministerio de Inclusión Económica y Social de Ecuador, tuvo el apoyo para el fortalecimiento de capacidades en el equipo que lideraba el proceso. Además, se contó con el acompañamiento de Andrea Meneses, en representación del DEval y Carmen Lucía Jaramillo, facilitadora externa contratada a tal efecto. Ambas estuvieron siempre presentes y nunca escatimaron en compartir sus conocimientos. En la etapa inicial del proceso, Esteban Tapella y Vanesa Castro, del equipo técnico de EvalParticipativa, facilitaron una capacitación sobre las cuestiones conceptuales y metodológicas de la evaluación participativa, tanto para funcionarios de la Secretaría de Planificación como del Ministerio de Inclusión Económica y Social de Ecuador, así como un taller vivencial de inducción al tema de evaluación para los adultos mayores que participaron en el equipo de evaluación.
Espero que con esta experiencia muchos países más se puedan animar a realizar este tipo de evaluaciones, que sin duda garantizan el uso de las recomendaciones de la evaluación, mismas que se encuentran aterrizadas y construidas desde la realidad y necesidad de la población beneficiaria de la intervención evaluada.
Pueden acceder al informe de la evaluación en el siguiente enlace.
Las y los invito a ver algunos de los momentos claves del proceso y escuchar los testimonios de facilitadores y participantes del mismo en el siguiente video.
