Dispositivos de investigación colaborativa, mapeo colectivo itinerante, cartografías críticas y recursos pedagógicos para uso comunitario
por Pablo Ares y Julia Risler
Iconoclasistas nació en 2006 como un espacio que cruza arte gráfico, activismo, pedagogía crítica y metodologías de trabajo colectivo. Desde entonces, la propuesta se consolidó como un dispositivo que combina poéticas visuales, reflexión política y pedagogías críticas, siempre incorporando la dimensión ambiental.
Nos consideramos activistas, pero no en el sentido partidario ni institucional. Nos pensamos como una militancia del hacer, que se sostiene en redes, vínculos y afectos que se activan desde el cuerpo, el territorio y las prácticas colaborativas. Nos reconocemos como parte de un tejido amplio y dinámico, conformado por colectivos, movimientos sociales y comunidades organizadas, articulado por afinidades políticas, éticas, estéticas y ambientales más que por estructuras rígidas.
A lo largo de estos años entendimos que lo que hacemos está profundamente ligado a esta forma de militancia situada, que nace de la experiencia concreta y del deseo de transformación. Se expresa a través de herramientas visuales, procesos colectivos de investigación, diseño colaborativo y pedagogías populares, siempre con atención a la sostenibilidad y el cuidado del territorio.
Origen y motivación de Un proyecto autogestionado con trayectorias interdisciplinarias
Empezamos en 2006, aunque el impulso más fuerte llegó en 2008 con los talleres de mapeo colectivo. Veníamos de trayectorias ligadas al arte gráfico, la comunicación crítica y los movimientos sociales, y sentíamos la urgencia de salir del nicho del arte para intervenir en la realidad concreta. Queríamos generar herramientas que no se quedaran en la denuncia simbólica, sino que habilitaran procesos colectivos de reflexión, acción y resistencia territorial. El contexto político, social y ambiental latinoamericano nos inspiraba y nos interpelaba.
No se trató de “diferenciarse de” sino de “inventar desde”. No encontrábamos un espacio donde confluyeran nuestras búsquedas: mezclar gráfica popular con herramientas pedagógicas, investigación situada con imaginación visual, activismo y conciencia ambiental. Hacía falta un dispositivo que pudiera mutar, adaptarse y activar procesos desde abajo.
Acerca de mapear colectivamente
Desde 2008 desarrollamos y promovemos el mapeo colectivo como práctica política, estética, pedagógica y ambiental. No es solo cartografía social; es una herramienta de apropiación y transformación construida en diálogo con comunidades, movimientos y colectivos organizados.
El enfoque pone en el centro la proximidad de los cuerpos, la performatividad cercana al arte, la coralidad de voces y el diseño como lenguaje popular. El mapeo colectivo es una metodología abierta, sensible al contexto, basada en el intercambio de saberes, donde se activa la memoria, se visibilizan conflictos y se proyectan futuros posibles.
Los mapas de los talleres no se piensan para ilustrar papers académicos ni para cumplir con diagnósticos institucionales. Rechazamos ese extractivismo epistemológico que toma la voz del territorio solo para alimentar marcos teóricos distantes. Los mapas colectivos que facilitamos son herramientas vivas, que se usan, se comparten y se transforman dentro de las comunidades que los generan. Refuerzan la autonomía organizativa, estimulan la acción local, permiten generar narrativas propias y disputan los relatos hegemónicos, incluyendo el cuidado ambiental y la justicia ecológica.
Mapas como herramientas complejas
Para nosotrxs, los mapas son herramientas de comunicación potentes y complejas. No operan como textos lineales ni como discursos cerrados. Un mapa colectivo condensa múltiples capas de información: datos, memorias, conflictos, afectos, tensiones, deseos y cuestiones ambientales. Y lo hace de manera simultánea, sin jerarquías, habilitando múltiples lecturas posibles.
Vivimos rodeadxs de mapas: escolares, turísticos, urbanos y digitales. Esta familiaridad les otorga una potencia singular: no intimidan, invitan a entrar, recorrer e intervenir. El mapa colectivo no busca representar con fidelidad un territorio, sino provocar una lectura crítica sobre él, generar conversación, politizar lo cotidiano y recuperar lo que no suele tener lugar en las narrativas oficiales.
Existe una capacidad casi intuitiva para leer mapas: tomar distancia, ubicar conflictos, visualizar relaciones, proyectar transformaciones y vincularlas con la sostenibilidad ambiental. Consideramos al mapa como un medio: una plataforma para encontrarnos, pensarnos colectivamente y actuar en común.
Herramientas, soportes y metodologías
El corazón del trabajo son los talleres de mapeo colectivo, donde usamos mapas, pictogramas y dispositivos gráficos como excusas para habilitar la conversación, la memoria, la crítica, la imaginación política y ambiental. Compartimos algunos materiales que pueden ser de utilidad para la comunidad EvalParticipativa.
El Manual de Mapeo Colectivo, una guía que condensa nuestra metodología de trabajo. El manual está basado en nuestra experiencia para mostrar cómo a través de los talleres de mapeo se pueden favorecer las distintas formas de comprender y señalizar el espacio a través del uso de variados tipos de lenguaje, como símbolos, gráficas e íconos, que estimulan la creación de collages, frases, dibujos y consignas.
Además, en la sección soportes y recursos pueden acceder a máquinas de sentipensar, analogramas y diagramas situacionales. También pueden acceder a un arsenal gráfico de íconos descargables y adaptables para todo tipo de comunidades.
La idea es que el soporte gráfico funcione como mediador entre saberes, lenguajes, experiencias y problemáticas ambientales, más que como ilustración decorativa. Ojalá estos aportes sirvan a quienes facilitan procesos de evaluación con participación social.
