Evaluar para fortalecer: aprendizajes desde una evaluación participativa en barrios urbanos del sur de Chile

                          por Alba Ximena Zambrano Constanzo, Vaite Trujillo Burgos, Mauricio García Ojeda, Francisca Román Mella

En contextos de vulnerabilidad urbana, evaluar no es un acto neutro. Toda evaluación implica una forma de mirar la realidad, de definir qué cuenta como problema, qué se considera logro y quién tiene la palabra para interpretarlo. Desde esta convicción surge el artículo Community Strengthening in Urban Neighborhoods: Psychosocial Dynamics in Vulnerable Contexts, que reporta una evaluación participativa de procesos de fortalecimiento comunitario desarrollada junto a comunidades urbanas del sur de Chile.

El artículo forma parte de un estudio comparativo mayor, que incluye cinco barrios urbanos: tres en Chile y dos en Brasil. En esta publicación se presentan específicamente los resultados de los casos chilenos, desarrollados en la ciudad de Temuco, Región de La Araucanía, territorios marcados por la segregación socioespacial, la precariedad urbana y una relación histórica asimétrica con las políticas públicas.

Desde el enfoque de la psicología comunitaria, el estudio se propuso comprender cómo se articulan, en la vida cotidiana de los barrios, tres dimensiones centrales del fortalecimiento comunitario: el sentido de comunidad, el capital social y el empoderamiento. Pero, más allá de los resultados, el aporte principal del trabajo está en cómo se evaluó y para qué se evaluó.

La evaluación participativa no fue concebida como una fase final de medición, sino como un proceso continuo de diálogo, interpretación y devolución, en el que vecinas y vecinos participaron activamente no solo aportando información, sino también discutiendo los hallazgos, tensionando interpretaciones y reconociendo colectivamente sus fortalezas y límites como comunidades organizadas.

Los resultados muestran una realidad compleja y ambivalente. Por una parte, los barrios presentan un fuerte sentido de pertenencia territorial, vínculos afectivos sólidos y prácticas de apoyo mutuo, especialmente entre personas adultas y mayores que han compartido largas trayectorias de vida comunitaria. Estas dimensiones constituyen un soporte fundamental para la vida cotidiana y para la acción colectiva en momentos de crisis.

Por otra parte, la evaluación permitió visibilizar tensiones importantes. El empoderamiento se encuentra altamente concentrado en un pequeño grupo de lideresas, mayoritariamente mujeres, que sostienen la organización barrial y median la relación con las instituciones. Si bien este liderazgo es un activo clave, también evidencia dificultades para ampliar la participación, renovar liderazgos e incorporar a jóvenes y otros actores a los procesos decisionales.

El análisis de redes sociales, integrado al proceso participativo, mostró además que el capital social circula de forma fragmentada, concentrado en grupos específicos, lo que limita la capacidad de los barrios para construir agendas colectivas amplias e incidir de manera más estructural en las políticas que afectan su territorio.

Estos hallazgos no fueron entregados como diagnósticos cerrados, sino trabajados colectivamente en instancias de devolución, talleres y encuentros comunitarios. En ese proceso, la evaluación se transformó en un dispositivo de fortalecimiento en sí mismo, generando espacios de reconocimiento, problematización y aprendizaje colectivo.

Desde una perspectiva clásica, la evaluación social se diferencia de la investigación en tanto se orienta a un ´evaluand` (aquello que se evalúa) claramente definido, usualmente un programa, proyecto, intervención o política. En este estudio, el objeto de evaluación no corresponde a una intervención estandarizada ni a un programa formalmente delimitado, sino a los procesos de fortalecimiento comunitario desplegados en los barrios, entendidos como trayectorias sociohistóricas de organización, participación y relación con el Estado, muchas de ellas articuladas —de manera explícita o implícita— a dispositivos de política pública y a experiencias previas de intervención territorial.

En este sentido, la evaluación se concibe como una evaluación de procesos, orientada a analizar cómo se configuran, sostienen o limitan dimensiones clave del fortalecimiento comunitario —sentido de comunidad, capital social, participación  y empoderamiento— en contextos urbanos marcados por la desigualdad estructural. Más que medir resultados predeterminados, la evaluación busca comprender cómo operan estas dinámicas en la práctica, qué efectos producen sobre la capacidad organizativa y política de las comunidades, y en qué medida habilitan o restringen procesos de agencia colectiva.

Desde este enfoque, la evaluación participativa se diferencia tanto de un diagnóstico descriptivo como de una investigación acción participativa orientada principalmente al cambio inmediato. Si bien incorpora elementos de ambas, su propósito central es producir juicio evaluativo situado, construido colectivamente, que permita a las comunidades y a otros actores involucrados interpretar críticamente sus procesos organizativos, identificar nudos problemáticos y reconocer condiciones para su fortalecimiento. Así, la evaluación no solo documenta la realidad comunitaria, sino que se constituye en un dispositivo reflexivo que articula conocimiento, deliberación y proyección de la acción colectiva. Los alcances del proceso también han conllevado toma de decisiones para mejorar algunos aspectos de estas dinámicas como parte del mismo proceso de evaluación participativa.

RECUADRO METODOLÓGICO

¿Cómo se desarrolló la evaluación participativa? La evaluación se diseñó como un proceso mixto, progresivo y dialógico, combinando distintas estrategias:

      • Vinculación y confianza: trabajo sostenido en los territorios, participación en actividades comunitarias y acuerdos claros sobre el sentido de la evaluación.
      • Producción participativa de información: entrevistas, observación participante, talleres colectivos y espacios de conversación grupal.
      • Herramientas cuantitativas al servicio del proceso: aplicación de escalas de sentido de comunidad y análisis de redes sociales, no como fines en sí mismos, sino como insumos para la reflexión colectiva.
      • Devolución y co-interpretación: presentación de resultados a las comunidades, discusión abierta de hallazgos y validación situada de los análisis.
      • Encuentros interbarriales: espacios para compartir aprendizajes entre comunidades, identificar desafíos comunes y fortalecer redes más allá del barrio.

Este enfoque permitió que la evaluación no solo describiera dinámicas comunitarias, sino que activara procesos de empoderamiento epistemológico, ampliando la capacidad de las comunidades para interpretar su propia realidad.

APRENDIZAJES METODOLÓGICOS TRANSFERIBLES PARA LA EVALUACIÓN PARTICIPATIVA

Desde la experiencia reportada, el artículo ofrece aprendizajes relevantes para quienes diseñan y desarrollan evaluaciones participativas en contextos comunitarios:

    1. Evaluar es intervenir: toda evaluación genera efectos. Reconocerlo permite diseñar procesos éticos y coherentes con el fortalecimiento comunitario.
    2. La participación no es solo consulta: implica involucrar a las comunidades en la interpretación, no solo en la recolección de datos.
    3. Las herramientas importan, pero más importa el proceso: cuestionarios y redes pueden ser potentes si se integran a espacios de diálogo y devolución.
    4. El tiempo es una condición metodológica: la confianza y la reflexión colectiva requieren procesos prolongados y presencia sostenida.
    5. La devolución es parte central de la evaluación: no un cierre administrativo, sino un espacio político y pedagógico.
    6. El fortalecimiento comunitario es relacional: no depende de una sola dimensión, sino de cómo se articulan vínculos, liderazgo, participación y relación con el Estado.

En el marco del estudio comparativo Chile–Brasil, estos aprendizajes abren además preguntas sobre cómo adaptar la evaluación participativa a distintos contextos culturales y políticos, sin perder su sentido transformador.

Invitamos a evaluadoras, evaluadores, equipos comunitarios y organizaciones a leer el artículo completo y a dialogar con sus propuestas. Más que ofrecer recetas, el trabajo busca contribuir a una evaluación participativa situada, crítica y comprometida con el fortalecimiento de las comunidades.


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