El reto de evaluar lo que ya es participativo
por Ángela María Báez-Silva Arias
Cuando nos propusimos evaluar Co-Inspira, una iniciativa de construcción de paz en Colombia, sabíamos que enfrentábamos un desafío poco convencional. No se trataba de evaluar una intervención tradicional, sino algo mucho más complejo: un proceso de Investigación-Acción-Sistémica (IAS) que, en sí mismo, ya era un ejercicio colectivo de generación de conocimiento
¿Cómo evaluamos un proceso que ya es, por naturaleza, un ejercicio de Investigación Participativa? ¿Cómo evitamos saturar a las personas participantes con otra capa de trabajo evaluativo cuando ya están liderando su propio proceso de generación de conocimiento? En el capítulo “Aprendizajes desde la práctica del Rigor Inclusivo en la evaluación de una iniciativa de paz en Colombia“, publicado en el libro “Evaluación, Democracia y Transformación”, compartimos la historia de cómo abordamos este reto metodológico en un proceso de aprendizaje evaluativo guiado por el marco de Rigor Inclusivo.
Colombia tiene una larga historia de conflicto armado, pero también una rica tradición de participación ciudadana que se intensificó con el Acuerdo de Paz de 2016. En este contexto, Co-Inspira, el proceso que evaluamos, trabajaba con tres Consejos Territoriales de Paz, Reconciliación y Convivencia, comparando dos abordajes metodológicos: uno tradicional de fortalecimiento de capacidades y otro innovador, la IAS. Esta última invitó a las personas co-investigadoras, a partir de sus propias historias de vida y las de otras personas de la comunidad, a comprender sistémicamente las dinámicas de la construcción de paz de su territorio.
El Rigor Inclusivo en la práctica
A lo largo de nuestro relato, mostramos cómo pusimos en práctica los principios del Marco de Rigor Inclusivo, desarrollado colaborativamente por nuestro grupo de evaluadores, practicantes e investigadores que trabajamos en construcción de paz. Este marco propone que la participación no está en tensión con el rigor metodológico, sino que lo fortalece. En el capítulo, ofrecemos evidencia concreta de cómo la participación genuina de las personas co-investigadoras no sólo enriqueció la calidad de la evaluación, sino que permitió que surgieran aprendizajes emergentes y usos no anticipados.
Una evaluación que se adapta: de la teoría a la experiencia
Uno de los aspectos particularmente interesantes de nuestra experiencia fue cómo la evaluación misma se transformó en un proceso adaptativo. Comenzamos con un diseño orientado por teorías externas sobre construcción de paz y con hipótesis causales basadas en literatura especializada sobre tejido relacional, poder y agencia; lo que nos habría podido llevar a una evaluación más tradicional. Sin embargo, a medida que las personas del territorio se apropiaron de su rol de co-investigadoras, su involucramiento en los espacios de evaluación también se fue ampliando y el proceso mismo se adaptó en función de sus reflexiones.
En el capítulo documentamos cómo las hipótesis iniciales tuvieron que ajustarse en función de dinámicas de poder, por ejemplo, cuando nos dimos cuenta de que los funcionarios públicos no participaban como iguales en los espacios, sino que adoptaban roles de control o simplemente estaban físicamente pero no conectados. Esto nos llevó a replantear nuestras preguntas de investigación, enfocándonos más directamente en las dinámicas de poder y las características de los espacios de construcción de paz genuinamente transformadores.
El bricolaje como herramienta para la inclusión rigurosa
Una de las experiencias más importantes que buscamos retratar es cómo hicimos un “bricolaje metodológico”, que no fuese sólo mezclar métodos por comodidad o en búsqueda sólo de consistencia, sino que nos ayudara a responder intencionadamente a la pregunta sobre cómo hacer que diferentes voces se escucharan de un modo que fuera útil para diferentes grupos de personas involucradas.
Combinamos elementos de sistematización de experiencias, cosecha de alcances, entrevistas semiestructuradas y espacios reflexivos, siempre guiados por el principio de mantener el foco en el aprendizaje útil y participativo. Este bricolage nos permitió hacer algo que consideramos fundamental: presentar de manera transparente las teorías e hipótesis iniciales a las personas co-investigadoras, no como verdades inmutables, sino como expectativas y supuestos de algunos actores que habían hecho posible el proyecto. Y con este acto, dichas teorías se convirtieron en objetos de aprendizaje para todos: supuestos que ahora teníamos a la mano para explorar, probar, ajustar y, cuando era necesario, rebatir, más allá de las discusiones y análisis del equipo evaluador.
Navegando tensiones y aprendiendo del error
No todo fue exitoso en nuestro proceso, y en el capítulo somos honestos sobre nuestras limitaciones y errores. Uno de los más significativos fue la imposibilidad de que las instituciones gubernamentales utilizaran los hallazgos de la evaluación. A pesar de haber diseñado productos técnicos rigurosos y bien redactados, los cambios de personal durante la implementación llevaron a que estos resultados siguieran el curso de la mayoría de evaluaciones tradicionales: archivarse sin ningún impacto sobre futuras acciones.
Aun así, este aparente fracaso nos enseñó algo fundamental sobre el poder transformador de democratizar la evaluación. Mientras los informes técnicos no tuvieron impacto en las instituciones gubernamentales, el proceso mismo de evaluación participativa se convirtió en un espacio valioso y transformador (para las personas co-investigadoras y para el equipo facilitador), coherente con los principios metodológicos de participación, diálogo y construcción colectiva de conocimiento.
Al final del capítulo organizamos las reflexiones alrededor de los tres dominios del Marco de Rigor Inclusivo: participación e inclusión, bricolage, y uso en un entorno habilitante. Lo hicimos de este modo, pues cada uno de estos dominios nos ofreció lecciones específicas para adaptar iterativamente la evaluación y enfrentar preguntas sobre: cómo abordar intencionadamente los diferentes niveles y momentos de participación; cómo articular métodos diversos guiados por el uso, y cómo navegar las complejas dinámicas institucionales que influyen en la utilidad de los hallazgos. Esperamos que estos dominios eventualmente también puedan guiar las reflexiones y decisiones de las personas lectoras.
Una puerta abierta a la reflexión conjunta
En nuestro capítulo no ofrecemos recetas, sino que compartimos una experiencia compleja, con sus luces y sombras, sus aciertos y sus aprendizajes desde las dificultades. Creemos que esta honestidad es necesaria para construir una cultura de evaluación más participativa y transformadora en América Latina, que se nutra de conversaciones difíciles. Consideramos que nuestro contexto latinoamericano es un terreno fértil y crucial para la continua adaptación de estos marcos, y creemos que tenemos mucho que aportar y aprender colectivamente.
¿Cómo podemos re-imaginar la evaluación como un espacio de construcción colectiva y aprendizaje continuo? ¿Qué estructuras de poder necesitamos transformar para que la evaluación sea verdaderamente participativa? ¿Cómo navegamos las tensiones entre diferentes intereses de aprendizaje sin perder la centralidad de las voces locales? Estas son algunas de las preguntas que exploramos en profundidad y que esperamos puedan generar diálogos enriquecedores con otros colegas que comparten estos desafíos en sus propios contextos.
En el 2025 hemos cerrando el proceso de evaluación de Co-Inspira, protagonista de este capítulo y nos encantaría continuar la reflexión y compartir aprendizajes más a largo plazo. Queremos invitar especialmente a nuestros pares, y a toda la comunidad de EvalParticipativa en nuestra región, a leer el capítulo completo y unirse a la conversación que mantenemos en el Co-Lab de Rigor Inclusivo.
