por Carmen Luz Sánchez, Catalina Valdés y Camila Gallagher
El capítulo que presentamos en el libro Evaluación, democracia y transformación: experiencias de evaluación participativa en América Latina recoge una experiencia concreta de evaluación participativa desarrollada en la comuna de Putaendo, en el marco del programa Servicio País.
Más que una sistematización técnica, se trata de una vivencia profundamente territorial, comunitaria y transformadora, que nos permitió explorar cómo la evaluación puede convertirse en una herramienta de empoderamiento, reflexión colectiva y acción conjunta.
Reconocer el carácter político de la evaluación abre una puerta transformadora: la posibilidad de convertirla en una herramienta de democratización. Cuando reconocemos que la evaluación tiene un papel político, asumimos su capacidad para desafiar narrativas y visibilizar realidades. Se trata de expandir nuestra comprensión sobre qué constituye evidencia válida y quién tiene derecho a producirla.
Narrar historias es una práctica presente en todas las culturas desde los comienzos de la humanidad. A través de este recurso, las sociedades no solo comunican, educan y entretienen, sino que también conservan valores, saberes y memorias colectivas. Aunque puede parecer una tarea simple, el arte de contar historias es una disciplina compleja que ha cambiado a lo largo del tiempo, adaptándose a nuevos contextos y desafíos.
Estimada comunidad EvalParticipativa, en esta nota les presento un instrumento didáctico cuyo propósito es facilitar el diálogo acerca de nuestros proyectos, respondiendo las preguntas esenciales que subyacen la Teoría del Cambio (TdC) de una intervención.
Cada vez es más frecuente escuchar de evaluaciones participativas, en las cuales se busca que la variedad de actores que tienen cita en una intervención específica tengan un rol preponderante, protagónico, y de esta manera los ejercicios de valoración planteen una mirada más completa, una que recupere las distintas perspectivas en cuestión.