por Olga Nirenberg (*)
Introducción

Como expresé en mi breve comentario sobre la nota publicada en EvalParticipativa el 22 de marzo pasado: “Sistematización de experiencias y evaluación: cercanías y diferencias”, por Oscar Jara Holliday (OJH), mi primera reacción al leerlo fue la sorpresa. Sentí que era paradójico que ciertos argumentos sobre la evaluación aparecieran en el blog de EvalParticipativa, me pareció algo así como un oxímoron, como una contradicción en sí misma.
Conozco los trabajos publicados por el autor de la nota, ampliamente difundidos y que han tenido gran influencia entre quienes nos dedicamos a la evaluación en los países de Hispanoamérica. Incluso he tenido la oportunidad de debatir directamente con él acerca del parentesco entre sistematización y evaluación. Nuestra conversación tuvo importancia para mí, tanto que en el libro que publiqué poco tiempo después (Nirenberg, 2013), incluí un capítulo (el octavo) casi enteramente dedicado a la sistematización de experiencias, donde destaqué sus puntos de contacto con los enfoques de evaluación no tradicionales.
Aunque me he interiorizado sobre el enfoque y las metodologías de sistematización de experiencias y también las he puesto en práctica en varias ocasiones, acá me referiré sobre todo a las referencias a la evaluación que contiene la citada nota, ya que, desde hace más años de los que me gustaría reconocer, ha venido siendo ése mi principal campo de actuación profesional.
Agradezco mucho a mis colegas coordinadores de EvalParticipativa, Pablo Rodriguez-Bilella y Esteban Tapella (PETAS/Universidad Nacional de San Juan) y Juan Carlos Sanz (DEval), por darme la oportunidad de ampliar y enriquecer este debate.
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