Las evaluaciones convencionales nos han acostumbrado a que las personas usuarias o beneficiarias de los programas y políticas públicas sólo se involucran como informantes claves. En una evaluación participativa las partes involucradas son protagonistas de todo el proceso. Ellas definen qué será evaluado, quiénes participarán, cuándo se hará, qué métodos de recolección y análisis de datos se usará y cómo se comunicarán los resultados.
Karla Zalazar, con amplia experiencia en facilitación de procesos participativos, señala que es imprescindible dar protagonismo a múltiples actores durante todo el proceso. “Si vamos a hablar de evaluación participativa, tenemos que asumir la necesidad de crear espacios de verdadera participación, donde todas las voces y perspectivas sean tenidas en cuenta. Esto implica estar en contacto cercano con las comunidades, con distintos actores sociales y sus diferentes miradas; y no sólo llegar a hacer consultas”, señala esta facilitadora social de Costa Rica.
Karla Salazar es psicóloga de profesión, con una Maestría en Criminología y una Maestría en Ciencia Política. Actualmente trabaja como coordinadora académica e investigadora en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (sede Costa Rica). Es docente universitaria y realiza consultorías de manera independiente en investigación y evaluación. Su trayectoria laboral ha estado caracterizada por el contacto directo con comunidades, organizaciones sociales y poblaciones en condiciones de múltiples vulnerabilidades por razones de género, violencia y exclusión social, de ahí su pasión por la participación activa de las personas en la construcción del conocimiento y la evidencia.
Esta experiencia, que se desarrolló entre mayo – noviembre 2018, no fue en su totalidad una evaluación participativa, sino una reflexión sobre los aprendizajes de aplicar principios de la evaluación feminista y métodos participativos en proyectos comunitarios de desarrollo rural. Este piloto se realizó dentro del marco de una evaluación convencional liderada por el Ministerio de Asuntos Mundiales de Canadá (Global Affairs Canada – GAC sigla en inglés).
Estimad@s colegas y amig@s de EvalParticipativa, esperamos se encuentren muy bien, encontrando formas de sobreponerse a los condicionantes que nos impone el COVID-19.
La evaluación participativa (EP) permite la incorporación de la perspectiva de la población sobre los procesos y resultados de políticas, programas y/o proyectos, limitando o evitando el sesgo tecnocrático. Además, promueve la apropiación (“ownership”) del proceso evaluativo y sus resultados, lo cual contribuye al uso de la evaluación. Estas son dos de las razones para apoyar la EP.
En este caso compartimos, desde Costa Rica, las reflexiones de Karla Salazar Sánchez, investigadora social y facilitadora de procesos participativos en evaluación. Recuerden que sigue abierta 
Estimad@s colegas, seguimos aprendiendo entre pares. En esta ocasión nos llega una reflexión de Fernanda Arriaza, integrante de TECHO. Esta organización, presente en 19 países de América Latina, busca superar la situación de pobreza que viven millones de personas en asentamientos populares, a través de la acción conjunta de sus habitantes y jóvenes voluntarios y voluntarias. En la nota, aprendizajes desde una de las experiencias documentadas recientemente a partir de la intervención en y con las Mesas de Trabajo.
Más allá de los propósitos formales del monitoreo -tales como crear transparencia y la rendición de cuentas-, en el enfoque de monitoreo participativo que desarrollamos en la ONG – IDEAs nos propusimos generar procesos de empoderamiento y aprendizaje de todos los involucrados, centrándonos en las perspectivas, la autovaloración y el compromiso de grupos meta.