Aprendizajes desde el programa Pensión para el Bienestar de las Personas con Discapacidad Permanente
por Karen Azucena Hernández González
Esta reflexión tiene como principal fuente de información mi experiencia como analista y consultora en el proceso de evaluación del programa Pensión para el Bienestar de las Personas con Discapacidad Permanente (PBPDP), realizada durante su primer año de ejecución en 2018. Este es un programa social en México que atiende a la población con discapacidad entre los 0 y los 29 años, a personas indígenas afromexicanas de 30 a 64 años de edad y a personas con alto y muy alto grado de marginación (ROP, 2021).
Al ser parte del equipo de evaluación como jóven evaluadora, pude conocer el programa, hacer trabajo de campo y contribuir a su respectivo análisis. Si bien no era una solicitud explícita de los términos de referencia del trabajo, desde un enfoque de género, intercultural e interseccional, pude identificar espacios necesarios para explorar en profundidad el problema y la contribución del programa a su solución.
La idea de este documento de trabajo surgió durante una conferencia en Alemania sobre el tema de monitoreo. El objetivo fue encontrar bibliografía que tratara de normas o criterios de calidad para el monitoreo a un nivel superior, de validez casi universal. Si bien existen documentos de este tipo para la evaluación y para el trabajo científico, no pudimos encontrar un documento comparable para el monitoreo.
Esta nota tiene como propósito compartir brevemente las vivencias que se presentaron durante el proceso de evaluación participativa en Ecuador, desde la selección de la intervención a evaluar hasta la presentación de los resultados y recomendaciones de la primera evaluación participativa liderada por el Gobierno de Ecuador; evaluación realizada al servicio de Espacios de Socialización y Encuentro para Personas Adultas Mayores, intervención que está a cargo del Ministerio de Inclusión Económica y Social de Ecuador.
Desde muy temprano en mi formación profesional, consideré a los derechos humanos como herramientas de disputa y de transformación de realidades éticamente injustas. Por eso, al recibirme de psicóloga, no me aboqué al abordaje individual de los padecimientos de las personas sino a la comprensión y el diseño de estrategias que permitieran abordarlos en su dimensión colectiva, con la intención de transformar las condiciones sociales generadoras de ese malestar.
La Expedición Evaluativa es una herramienta participativa que invita a todos los actores involucrados en un proyecto a embarcarse en un viaje por un bosque simbólico que busca representar la complejidad de una intervención. A lo largo de este recorrido, los participantes enfrentarán desafíos y responderán preguntas clave que les permitirán reflexionar, dialogar y evaluar su intervención de manera integral.
En el IDS (Instituto de Estudios del Desarrollo, Brighton, Reino Unido) nos apasiona nuestro rico legado de métodos participativos, y creemos que la Investigación Acción Participativa (IAP) y la evaluación son más importantes que nunca en el contexto actual de retos complejos y polarizantes.
Desde hace casi diez años, hemos venido participando en cursos y talleres de evaluación participativa (EP), para diferentes sectores. Algunas capacitaciones fueron muy puntuales e introductorias, acotadas a un webinar, mientras otras un tanto más profundas, en modo taller presencial de tres a cinco días. El interés por la formación de posgrado en EP es mucho más reciente, y -como equipo de EvalParticipativa- hemos participado como docentes en diversas universidades de América Latina y Europa.
En la última década, ha surgido un creciente interés en incorporar a ciudadanos en la evaluación de políticas, programas e intervenciones sociales. En mi artículo, “
Cuando miramos hacia atrás para avanzar mejor hacia adelante y valoramos los procesos evaluativos que hemos acompañado o ejecutado, es común que nos preguntemos si las decisiones tomadas, los resultados generados, las recomendaciones elaboradas han tenido alguna incidencia. Nos surge la duda sobre la utilidad de la experiencia. Además, si se trata de un ejercicio participativo, donde los esfuerzos se centraron en gran parte en el desarrollo de capacidades y el aprendizaje de los actores involucrados, la pregunta resulta aún más desafiante.
Innovar no es sencillo. Y más si esa innovación va dirigida a promover la participación ciudadana para entablar diálogos constructivos y respetuosos. A fin de entablar diálogos con éxito en este marco, se requiere implementar y mantener procesos creativos de forma continuada. Esto es aplicable a todos los ámbitos en los que, desde las instituciones u organizaciones, se pretende fomentar la participación de la sociedad con el objetivo de involucrarla en los procesos políticos y en la toma de decisiones. En definitiva, participar en la creación de sociedades modernas e inclusivas.