por Jorge Chavez-Tafur
El término “capitalización de experiencias” es usado cada vez con más frecuencia para referirnos al proceso por el cual un proyecto o programa, o una experiencia en particular, es descrito y analizado en detalle, resultando en lecciones que pueden ser compartidas y que pueden ser utilizadas para mejorar las intervenciones de desarrollo.
De manera similar a un proceso de sistematización, este es visto como un enfoque que ayuda a identificar innovaciones y prácticas específicas, y que ayuda, sobre todo, a entender las razones detrás de su éxito o fracaso. Uno de los mayores beneficios de un proceso de capitalización de experiencias es que involucra a todos aquellos que son o que fueron parte de la experiencia.
Pero ¿cómo promover un proceso de éstos? ¿Qué pasos son lo que hay que seguir para completarlo? Y una vez que hemos decidido impulsarlo, ¿cómo facilitamos la participación de diferentes personas? Estas fueron algunas de las preguntas que nos planteamos en el Centro Técnico para la Cooperación Agrícola y Rural (CTA) hace unos cinco años, y que dieron inicio a un proyecto implementado en conjunto con el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) y la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), con el apoyo financiero del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA). Entre 2016 y fines del 2019, el proyecto respondió a la necesidad de desarrollar habilidades específicas para la descripción y el análisis de experiencias puntuales, para la identificación de lecciones y recomendaciones, su diseminación y uso. Trabajando en diferentes partes del mundo y centrado en el análisis de los pasos a seguir, el proyecto apuntó a la adopción de un proceso de capitalización de experiencias a diferentes niveles. Para ello intentamos hacer una capitalización de la experiencia que estábamos comenzando; obtener lecciones sobre el proceso mismo y validar el enfoque seguido.
Con gran alegría compartimos la noticia del lanzamiento de un nuevo recurso en nuestra comunidad de práctica y aprendizaje EvalParticipativa, orientado a acompañar e ilustrar el
Una de mis principales preocupaciones metodológicas en el trabajo de planificación y evaluación con comunidades, especialmente rurales, ha sido la creación de espacios de trabajo en que las personas puedan sentir que realmente participan de manera cualificada y activa, independientemente de su formación académica.
Las experiencias de Evaluación Participativa valoran y validan las interpretaciones que tienen los actores participantes sobre los proyectos, políticas e intervenciones analizadas (Fetterman, 2005). Estas experiencias diseñan y construyen espacios para que, a través del dialogo con otros, se expresen las formas particulares y los conocimientos que tienen los actores sobre la realidad y de los problemas que enfrentan las intervenciones objeto de evaluación (Gil & Heras, 2010; Menéndez, Torralbo, & Luque, 2021; Paño, Rébola, & Suarez, 2019).
La “Evaluación Integradora” (EI) es un enfoque que mitiga el discurso polarizador integrando diversas perspectivas y/o hipótesis aparentemente contradictorias. Por otra parte, la evaluación participativa (EP) permite la incorporación de la perspectiva de la población sobre los procesos y resultados de políticas, programas y/o proyectos, limitando o evitando el sesgo tecnocrático.
Si bien celebramos una mayor apertura hacia la evaluación participativa (EP), muchos evaluadores seguimos usando marcos tradicionales del “rigor”. Sus estándares de calidad se basan en la supuesta existencia de una jerarquía metodológica, con métodos objetivos y cuantitativos posicionados por encima de otros métodos menos ‘rigurosos’.
Estimadas y estimados colegas y amigos de EvalParticipativa. Luego de poco más de un año de trabajo, tenemos la gran alegría y satisfacción de compartirles -a modo de lanzamiento oficial- la
Cada vez es más frecuente escuchar de evaluaciones participativas, en las cuales se busca que la variedad de actores que tienen cita en una intervención específica tengan un rol preponderante, protagónico, y de esta manera los ejercicios de valoración planteen una mirada más completa, una que recupere las distintas perspectivas en cuestión.
Quizás sea el pensamiento de don Benjamín Franklin el mejor título para esta nota, en la cual queremos compartir el desarrollo de nuestras últimas experiencias en el marco de la estrategia de capacitación de EvalParticipativa en la región. Bajo modalidades presenciales y a distancia, hemos podido contribuir al fortalecimiento de las capacidades en Evaluación Participativa (EP) centradas en el contexto particular de las personas y sus organizaciones.
Hasta hace poco, la Evaluación Participativa era para mí un área que me resultaba atractiva y a la vez ajena a mi quehacer. Eso cambió a partir de la presentación que Marina Apgar hiciera en diciembre del 2021 en el seminario internacional