por Raquel Luján Soto

La investigación acción participativa (IAP) surge en los años 70 como una alternativa a los métodos tecnocráticos de investigación top-down o de arriba hacia abajo que, hasta el día de hoy, han sido ampliamente aplicados en el campo de las ciencias agrarias.
Sin embargo, estos métodos tecnocráticos no han logrado involucrar a las comunidades campesinas en el manejo sostenible de la tierra, siendo abandonados en muchos casos al acabar dichas investigaciones.
La IAP surge, por un lado, de la necesidad de rescatar los saberes populares locales de las comunidades campesinas y de reconocer el valor de la diversidad de prácticas agrícolas y de manejo de recursos naturales que utilizan para la producción de alimentos, la conservación de la biodiversidad y la generación de paisajes multifuncionales, y que han manteniendo de una forma sostenible los agroecosistemas durante siglos. Y por otro lado, de la necesidad de identificar de forma colaborativa, junto con las comunidades locales, soluciones a medida que consigan resolver sus necesidades y objetivos, y con el fin de que estas soluciones tengan una mayor aceptación y grado de adopción a largo plazo.
El enfoque de la IAP propone modos horizontales de relación entre agricultoras/es e investigadoras/es basados en la idea de que la investigación debe hacerse con las personas a través de un “diálogo de saberes” y el reconocimiento y respeto a las comunidades rurales, sus saberes y su forma de relacionarse con la naturaleza. En esta nota les contaré de ello.

En un mundo caracterizado por la creciente complejidad de los desafíos sociales, económicos y políticos, la toma de decisiones informadas y la evaluación de políticas públicas se han convertido en imperativos ineludibles para garantizar un futuro sostenible y justo.
En las últimas décadas, se ha observado una evolución progresiva en la institucionalización de la evaluación de políticas públicas en América Latina, y con ello, la evaluación ha adquirido gran relevancia en el ciclo de vida de los programas sociales.
El Grupo de Trabajo “Procesos y Metodologías Participativas· es una red integrada por más de 100 educadores e investigadores sociales de América Latina y Europa dedicados al campo de la participación. Actualmente estamos en el tercer período de trabajo junto a CLACSO, y en esta ocasión bajo la coordinación de Romina Rébola (Argentina) y Mariano Suárez (Uruguay), y un equipo de coordinación integrado también por Rosa Ynés Alacio (México), Alfonso Torres Carillo (Colombia) y Víctor Fernández (Chile).
¿Podemos decir que una evaluación es participativa si no incorpora la mirada de género? ¿Podemos evaluar desde el enfoque de género sin participación activa de los grupos implicados en el proceso evaluativo? ¿Incorporar una mirada inclusiva en la práctica evaluativa es dotarla de sentido político?
Durante los últimos quince años el discurso público en torno a políticas y programas de desarrollo ha enfatizado la necesidad de fortalecer el protagonismo de la sociedad civil en las intervenciones a ella dirigidas. Conceptos tales como ‘participación’, ‘acompañamiento’, ‘perspectiva de los actores’, entre otros, resultan cada vez más frecuentes.
Estimadas y estimados colegas de EvalParticipativa, a inicios de esta semana hemos participado de la Mesa Redonda sobre RETOS DE LA EVALUACIÓN PARTICIPATIVA CON ENFOQUE FEMINISTA Y DECOLONIAL, realizada en el marco de las actividades de la Semana de la Evaluación gLOCAL 2023. 
En 2016, nuestros caminos profesionales se cruzaron en Valencia, cuando Viola estaba acabando el Máster Europeo en Salud Pública (EuroPubHealth) y a punto de empezar su Doctorado en la Universidad de Sheffield (en Reino Unido) y Joan estaba trabajando como subdirector general de Promoción de la salud en la Consejería de Sanidad Universal y Salud Pública de la Comunidad Valenciana.