por Esteban Tapella
Durante los últimos quince años el discurso público en torno a políticas y programas de desarrollo ha enfatizado la necesidad de fortalecer el protagonismo de la sociedad civil en las intervenciones a ella dirigidas. Conceptos tales como ‘participación’, ‘acompañamiento’, ‘perspectiva de los actores’, entre otros, resultan cada vez más frecuentes.
Esto se ve reflejado también en el campo de la evaluación, donde emergen distintos enfoques que buscan un mayor involucramiento de diferentes actores sociales, tales como la Evaluación Democrática, la Sistematización de Experiencias, el Cambio Más Significativo, el Enfoques Colaborativo en Evaluación y -por supuesto- la Evaluación Participativa. Estos enfoques reflejan una nueva sensibilidad en el campo evaluativo: la de captar la perspectiva de los actores sociales a la hora de valorar o atribuir resultados e impactos a una determinada intervención.
Decimos que una Evaluación Participativa es aquella donde las partes involucradas en un programa o proyecto definen qué será evaluado, con qué objetivos, cuándo se hará, qué métodos de recolección y análisis de datos se usarán y cómo se comunicarán los resultados. Así pensada, una Evaluación Participativa busca favorecer la incorporación activa y consciente de los llamados actores sociales claves vinculados a la intervención evaluada. Pero, ¿quiénes son estos actores sociales claves? ¿cómo comprendemos sus interrelaciones y la de cada uno de ellos con el programa o proyecto? En esta nota intentaré dar respuesta a esos interrogantes. Para ello, presentaré el documento de trabajo ‘Mapeo de Actores Claves (MAC), el cual introduce esta herramienta que considero puede ser de gran utilidad en evaluaciones que se propongan la participación e inclusión social.
En 2016, nuestros caminos profesionales se cruzaron en Valencia, cuando Viola estaba acabando el Máster Europeo en Salud Pública (EuroPubHealth) y a punto de empezar su Doctorado en la Universidad de Sheffield (en Reino Unido) y Joan estaba trabajando como subdirector general de Promoción de la salud en la Consejería de Sanidad Universal y Salud Pública de la Comunidad Valenciana.
El término “capitalización de experiencias” es usado cada vez con más frecuencia para referirnos al proceso por el cual un proyecto o programa, o una experiencia en particular, es descrito y analizado en detalle, resultando en lecciones que pueden ser compartidas y que pueden ser utilizadas para mejorar las intervenciones de desarrollo.
Una de mis principales preocupaciones metodológicas en el trabajo de planificación y evaluación con comunidades, especialmente rurales, ha sido la creación de espacios de trabajo en que las personas puedan sentir que realmente participan de manera cualificada y activa, independientemente de su formación académica.
Las experiencias de Evaluación Participativa valoran y validan las interpretaciones que tienen los actores participantes sobre los proyectos, políticas e intervenciones analizadas (Fetterman, 2005). Estas experiencias diseñan y construyen espacios para que, a través del dialogo con otros, se expresen las formas particulares y los conocimientos que tienen los actores sobre la realidad y de los problemas que enfrentan las intervenciones objeto de evaluación (Gil & Heras, 2010; Menéndez, Torralbo, & Luque, 2021; Paño, Rébola, & Suarez, 2019).
La “Evaluación Integradora” (EI) es un enfoque que mitiga el discurso polarizador integrando diversas perspectivas y/o hipótesis aparentemente contradictorias. Por otra parte, la evaluación participativa (EP) permite la incorporación de la perspectiva de la población sobre los procesos y resultados de políticas, programas y/o proyectos, limitando o evitando el sesgo tecnocrático.
Si bien celebramos una mayor apertura hacia la evaluación participativa (EP), muchos evaluadores seguimos usando marcos tradicionales del “rigor”. Sus estándares de calidad se basan en la supuesta existencia de una jerarquía metodológica, con métodos objetivos y cuantitativos posicionados por encima de otros métodos menos ‘rigurosos’.
Cada vez es más frecuente escuchar de evaluaciones participativas, en las cuales se busca que la variedad de actores que tienen cita en una intervención específica tengan un rol preponderante, protagónico, y de esta manera los ejercicios de valoración planteen una mirada más completa, una que recupere las distintas perspectivas en cuestión.
Hasta hace poco, la Evaluación Participativa era para mí un área que me resultaba atractiva y a la vez ajena a mi quehacer. Eso cambió a partir de la presentación que Marina Apgar hiciera en diciembre del 2021 en el seminario internacional
Las organizaciones, los proyectos y sus equipos responsables entienden la necesidad de realizar una evaluación a fin de conocer los resultados alcanzados por una intervención. A su vez, el monitoreo frecuentemente es vinculado con la rendición de cuentas, generalmente a través de la elaboración de un informe semestral o anual.