por Julia Espinosa Fajardo
La evaluación participativa parte de poner a las personas y sus necesidades diversas en el centro de los procesos evaluativos y, por ende, de los programas y políticas públicas. Con la inclusión activa de las diferentes voces a lo largo de todo el ejercicio evaluativo, posibilita un espacio para evidenciar la vulneración de derechos, los procesos de exclusión social y las desigualdades estructurales presentes en cada contexto.
En este sentido, se conforma como una oportunidad para hacer visibles las diferentes situaciones de discriminación y vulnerabilidad, así como avanzar hacia acciones públicas que se hagan en mayor medida eco de estas realidades y tengan más poder transformador. De este modo, la participación en evaluación se presenta como un proceso clave para avanzar en la profundización democrática, en el disfrute de derechos y hacerlo sin dejar a nadie atrás.
¿Qué nos muestra EvalParticipativa de la experiencia latinoamericana a este respecto? ¿Cómo podemos impulsar prácticas evaluativas con impacto en derechos, inclusión y equidad? ¿Cuáles son los desafíos existentes en la región?
Los Marcos de Asociación País (MAP) son el instrumento de planificación estratégica geográfica bilateral que emplea la Cooperación Española (CE) para contribuir con sus acciones a un desarrollo sostenible. A través de los MAP se establece un dialogo conjunto entre la CE y los países socios, para apoyar las estrategias y planes de desarrollo de dichos países.
El estereotipo de la persona evaluadora es el de una persona experta, que puede encontrar a través de métodos científicos aquello que no funciona en un programa. Este/a experto/a brinda a la vez recomendaciones específicas y razonadas para remediar los problemas detectados, para que las personas a cargo del programa respondan a ellas.
Entreculturas es una ONG de cooperación internacional de la Compañía de Jesús que trabaja en favor de la justicia y la transformación social. Defiende la educación como derecho humano y trabaja por la vida digna de las personas migrantes y refugiadas, apostando por la construcción de una ciudadanía global comprometida, la equidad de género y la reconciliación con la naturaleza. Busca contribuir al desarrollo de las comunidades más vulnerables, apelando a valores como la solidaridad o la igualdad de derechos e implicando a todo tipo de actores (ciudadanía, empresas, gobiernos, etc.) que tienen su parte de responsabilidad ante los desafíos globales.
Desde hace un tiempo vengo pensando en algunos aspectos clave que, desde mi experiencia, moldean la práctica del Seguimiento, Evaluación y Aprendizaje (MEL, por sus siglas en inglés) en el Sur Global. Es en este marco en el que me he propuesto delinear algunas ideas susceptibles de ser transformadas en criterios prácticos. Una de las ideas sobre las que me he centrado es la tensión existente entre la cada vez más sentida necesidad de hacer oír todas las voces en el proceso evaluador y la existencia –y el uso- de criterios predefinidos de evaluación.
Consorcios Regionales de Investigación Agropecuaria (CRIA) es un programa que se viene ejecutando desde el 2016 en Guatemala a fin de fortalecer las capacidades de investigación agropecuaria bajo la modalidad de consorcios inter-institucionales. El programa es financiado por la Secretaría de Agricultura de los Estados Unidos (USDA por sus siglas en inglés) y es ejecutado por el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación (MAGA) y el Instituto Interamericano para la Cooperación Agrícola (IICA).
Toda sociedad marcada intensamente por sucesivas “crisis”, se caracteriza por estar atravesada constantemente por antecedentes de rupturas de los contratos sociales básicos, ya sean de carácter económico, político o jurídico. El cuestionamiento a la institucionalidad política representa en buena parte de los países de América Latina y el Caribe, uno de los momentos de mayor descrédito. Existe un rechazo manifiesto por parte de la opinión pública en general, hacia la clase dirigente actual, pasada y futura. Ello habla de una falta de confianza en torno a los representantes de la vida política, y, sobre todo, hacia los mecanismos instituidos por el sistema democrático para llevar adelante la organización de la actividad pública.
Conocí por primera vez a la evaluación participativa en Nicaragua. Al igual que muchas personas educadas en los Estados Unidos, me formé en enfoques occidentales de evaluación e investigación originados principalmente en las ciencias sociales. Cuando me inicié trabajando en seguimiento y evaluación en una pequeña ONG en Managua, sentí que mi preparación no era relevante, pues en la práctica no lo era. No lo entendí completamente en ese momento, pero ahora me doy cuenta de que eso sucedió porque fui entrenada en una epistemología o forma de ver el mundo que estaba en gran medida fuera de contacto con la cultura local y el contexto de las comunidades remotas y rurales donde los miembros de mi equipo y yo apoyábamos a los promotores de salud para proporcionar atención médica básica en sus comunidades. Para ello utilizamos métodos participativos que incluyen Photovoice, la Técnica del Cambio Más Significativo y la Indagación Apreciativa.
El debate contemporáneo sobre evaluación y participación en la acción humanitaria se presenta emergente sobre todo en el contexto de América Latina. La región reúne contextos humanitarios múltiples y diferentes en tipos de crisis y respuestas humanitarias.