por Susana Menéndez-Roldán, María Dolores Torralbo-Obrero y Salustiano Luque-Lozano
La sección recursos de EvalParticipativa cuenta desde hace unos meses con la “Guía práctica para la planificación y evaluación participativas de las políticas públicas. La participación transversal”, que presentamos en esta nota quienes hemos sido sus redactores.

La participación ciudadana es la mejor vía para la inclusión social. No en vano, es una de las metas incluidas por la ONU en la Agenda de Desarrollo Sostenible (ODS). Concretamente, se propone promover sociedades pacíficas e inclusivas para el desarrollo sostenible, facilitar el acceso a la justicia para todas las personas y construir a todos los niveles instituciones eficaces e inclusivas que rindan cuentas, sin olvidar el objetivo de igualdad de género, pues una de sus metas es asegurar la participación plena y efectiva de las mujeres y la igualdad de oportunidades de liderazgo a todos los niveles decisorios en la vida política, económica y pública.
Quienes alguna vez facilitamos procesos participativos nos hemos preguntado cómo lograr el mayor involucramiento posible de múltiples actores en las actividades que planificamos. La evaluación participativa enfrenta, entre otros, el desafío de crear espacios de participación reales, en los que múltiples actores puedan ejercer un verdadero protagonismo en la agenda evaluativa. Sabemos que no alcanza con comprender el sentido profundo de la evaluación participativa y los pasos del método, es necesario también identificar y manejar las herramientas adecuadas para cada contexto social y cultural en que la evaluación se desarrolle.

Hoy queremos compartir con la comunidad de práctica y aprendizaje de EvalParticipativa la experiencia y mirada de la organización internacional 
La travesía de mi investigación sobre la evaluación participativa estuvo motivada por el deseo de involucrar a los niños y niñas pequeños, en su calidad de beneficiarios de un programa educativo, en la evaluación de su programa de educación inicial. Yo quería que los niños y niñas tuvieran la oportunidad de participar en el diseño y el uso de los procesos evaluativos, para que hicieran escuchar su voz y tuvieran un impacto en los programas y actividades que les concernían.
Como mi formación académica es Empresariales y empecé trabajando en el sector privado, fue un descubrimiento para mí el entender qué significaba “participación”, aunque fuera de forma teórica. Entendí que “participación” implicaba que varios grupos de interés tuvieran voz (y voto) en la toma de decisiones durante las cuatro fases de la evaluación: diseño, toma de datos, análisis e Interpretación… ¡Aaaah!, ahora lo entiendo.
El imperativo